OROPÉNDOLA (Oriolus oriolus) |
Nombre común:
Oropéndola.Nombre científico: Oriolus oriolus.
Orden: Passeriformes.
Familia: Oriolidae.
Longitud: 22-24 cm.
Envergadura: 44 cm.
Iris: Æ 6 mm.; rojo.
Características:
La oropéndola es un pájaro de tamaño algo mayor que el conocido estornino negro (Sturnus unicolor), cuyo macho tiene el plumaje amarillo oro; las alas son negras, con el borde exterior amarillo hacia mitad de las primarias que forman una mancha visible cuando está plegada; la cola, cuadrada, es negra, a excepción de los extremos de las réctrices laterales que son amarillas; el pico es de un llamativo rojo oscuro. Por su parte, la hembra tiene las partes superiores de color amarillo verdoso y las inferiores más claras y con listas longitudinales oscuras; las alas y la cola son más oscuras. Los jóvenes son muy parecidos a la hembra, pero con matices más amarillentos en el caso de los machos, y con las alas y la cola aún más oscuras, pero sin llegar al negro de los machos adultos.
Hábitat:
Es una especie eminentemente arborícola que necesita de los grandes árboles para vivir. Muy común en las choperas y sotos fluviales bien desarrollados. No pocas veces se la encuentra en arbolado disperso de espacios abiertos (sauce, roble).
Costumbres:
La oropéndola es un pájaro de temperamento escondidizo que pasa la mayor parte del tiempo en las crestas de los árboles, por lo que, pese a su llamativo plumaje, resulta difícil de observar. De hecho, la mayoría de las ocasiones tenemos constancia de su presencia al oír su canto o voz. En sus desplazamientos largos tiene un vuelo rápido y ondulado, siendo recto y directo cuando se mueve en busca de alimento entre el ramaje próximo de los árboles. Al asustarse emite un chasquido sordo que nos recuerda a la corneja negra (Corvus corone). La alimentación de la oropéndola se constituye básicamente de insectos (orugas sobre todo) y bayas que captura en los árboles. Es un pájaro que casi nunca toca el suelo, y se dice que es capaz de evitar el contacto terrestre hasta el punto de que obtiene el agua de las gotas de rocío que se encuentran en las hojas, e incluso bebe en vuelo.
Nidificación:
Al poco tiempo de llegar, los machos comienzan a dejarse oír, y entonan un inconfundible canto (su transcripción sería como un "dui-dui-dui-didlioo") que puede oírse a varios cientos de metros de distancia. Estos cantos pueden oírse hasta bien entrado el verano, y van cesando conforme avanza el mes de julio. A partir de la segunda quincena de julio y hasta el final de su estancia en nuestras tierras sólo consigo escuchar a la oropéndola de forma esporádica, y siempre los cantos son incompletos. Esta disminución de la actividad canora parece corresponderse con el inicio de las puestas y la posterior dedicación a los polluelos. Tiende a ocultar el nido en las ramas más altas e inaccesibles de los árboles (en esta zona tienen una especial predilección por las choperas con árboles de buen porte, aunque algunas parejas pueden anidar de igual modo en sauces). El nido tiene forma de hamaca, y casi siempre está sujeto a la horquilla de una rama. De forma general realiza una puesta por temporada, aunque si las condiciones climáticas son favorables, esto es un estío seco y muy caluroso, alguna pareja podría optar por una segunda (esta posibilidad es poco viable en el norte peninsular). La nidada está constituída por 3-5 huevos de color blanco rosado y variablemente moteados de oscuro. Ambos miembros de la pareja se dedican a las tareas de incubación, aunque de forma muy desigual, pues el macho suele hacerlo únicamente en las horas centrales del día (esto corrobora que durante el periodo de nidificación la práctica totalidad de las audiciones se lleven a cabo a primera hora de la mañana y la segunda mitad de la tarde). Tras un par de semanas nacen los polluelos, que como sucede con todos los passeriformes son nidófilos. Son alimentados en el nido durante unos 15 días, periodo tras el cual se deciden a abandonar el nido. En principio se posan en las ramas próximas al nido, desde donde continúan siendo cebados por sus progenitores.
Movimientos migratorios:
Especie estival que inverna en el oeste y suroeste del continente africano, los primeros individuos llegan a la Península Ibérica a partir de la segunda quincena del mes de abril, estando a mediados de mayo instalada toda la población en sus áreas de nidificación. Los machos adelantan su llegada entre una y dos semanas con respecto a las hembras. El grueso de la población de oropéndolas abandona sus áreas de residencia durante era vivir. Muy común en las choperas y sotos fluviales bien desarrollados. No pocas veces se la encuentra en arbolado disperso de espacios abiertos (sauce, roble).
Costumbres:
Es un pájaro de temperamento escondidizo que pasa la mayor parte del tiempo en las crestas de los árboles, por lo que, pese a lo llamativo de su plumaje, resulta difícil de observar. De hecho, la mayoría de las ocasiones tenemos constancia de su presencia al oír su canto o voz. En sus desplazamientos largos tiene un vuelo rápido y ondulado, siendo recto y directo cuando se mueve en busca de alimento entre el ramaje próximo de los árboles. Al asustarse emite un chasquido sordo que nos recuerda a la Corneja común (Corvus corone). La alimentación de la oropéndola se constituye básicamente de insectos (orugas sobre todo) y bayas que captura en los árboles. Es un pájaro que casi nunca toca el suelo, y se dice que es capaz de evitar el contacto terrestre hasta el punto de que obtiene el agua de las gotas de rocío que se encuentran en las hojas, e incluso bebe en vuelo.
Nidificación:
Al poco tiempo de llegar, los machos comienzan a dejarse oír, y entonan un inconfundible canto (su transcripción sería como un "dui-dui-dui-didlioo") que puede oírse a varios cientos de metros de distancia. Estos cantos pueden oírse hasta bien entrado el verano, y van cesando conforme avanza el mes de julio. A partir de la segunda quincena de julio y hasta el final de su estancia en nuestras tierras sólo consigo escuchar a la oropéndola de forma esporádica, y siempre los cantos son incompletos. Esta disminución de la actividad canora parece corresponderse con el inicio de las puestas y la posterior dedicación a los polluelos. Tiende a ocultar el nido en las ramas más altas e inaccesibles de los árboles (en esta zona tienen una especial predilección por las choperas con árboles de buen porte, aunque algunas parejas pueden anidar de igual modo en sauces). El nido tiene forma de hamaca, y casi siempre está sujeto a la horquilla de una rama. De forma general realiza una puesta por temporada, aunque si las condiciones climáticas son favorables, esto es un estío seco y muy caluroso, alguna pareja podría optar por una segunda (esta posibilidad es poco viable en el norte peninsular). La nidada está constituída por 3-5 huevos de color blanco rosado y variablemente moteados de oscuro. Ambos miembros de la pareja se dedican a las tareas de incubación, aunque de forma muy desigual, pues el macho suele hacerlo únicamente en las horas centrales del día (esto corrobora que durante el periodo de nidificación la práctica totalidad de las audiciones se lleven a cabo a primera hora de la mañana y la segunda mitad de la tarde). Tras un par de semanas nacen los polluelos, que como sucede con todos los paseriformes son nidófilos, y son alimentados en el nido durante unos 15 días, periodo tras el cual se deciden a abandonar el mismoo. En un principio se posan en las ramas próximas al nido, donde continúan siendo cebados por sus progenitores.
Movimientos migratorios:
Especie estival que inverna en el oeste y suroeste del continente africano, los primeros individuos llegan a Burgos a partir de la segunda quincena del mes de abril, pero la mayoría lo hace entre finales de mes y los primeros días de mayo, de modo que a mediados de este mes ya está instalada toda la población en sus áreas de cría. Los machos adelantan su llegada entre una y dos semanas con respecto a las hembras. El grueso de la población de oropéndolas abandona sus áreas de residencia a lo largo del mes de agosto, y se prolonga hasta mediados de septiembre. Como sucede con tantas otras especies migradoras acostumbra a viajar de noche, dedicando las horas solares al descanso y a la reposición de fuerzas, pues son varios cientos de kilómetros los que aguardan a estos pájaros hasta alcanzar los cuarteles de invierno en el continente africano.